Hay personas que, antes de llegar a una posición de liderazgo, ya llevan dentro la semilla de lo que quieren ser. Tania es una de ellas. Hoy lidera el equipo de Business Intelligence en Convertia, pero su historia no empieza con un cargo. Empieza con una pregunta que alguien le hizo en una entrevista hace más de una década y que cambió la forma en que ella misma se veía.

Con motivo del Día Internacional de la Mujer, conversamos con ella sobre su trayectoria, su forma de liderar, los retos que ha enfrentado por ser mujer en el mundo de la tecnología y los datos, y lo que la hace ser quien es más allá de las pantallas y los dashboards.

Una conversación honesta, reflexiva y llena de frases que pueden inspirar a quienes quieren liderar en tech o BI.

El momento en que todo empezó

¿En qué momento entendiste que querías llegar a un cargo de liderazgo?

Hace unos diez u once años fui a una entrevista de trabajo en una empresa gubernamental. No iba para un puesto de liderazgo, pero la responsable de RRHH me preguntó qué me hacía falta para ser una buena líder. Le contesté, muy segura de mí misma, que me faltaba la oportunidad.

Desde ese día me quedé con esa idea: cuando tuviera la oportunidad, la iba a aprovechar. Pasaron bastantes años antes de que pudiera llegar a esa posición, pero creo que en el fondo siempre fue algo a lo que yo aspiraba.

“Me faltaba la oportunidad. Y desde ese día supe que cuando llegara, la iba a aprovechar.

¿Qué parte de tu historia personal te ayudó a construir el líder que eres hoy?

Toda mi experiencia laboral. He trabajado con muchos jefes, hombres y mujeres, y ha sido mucho de observar y analizar: ver qué hacían que no me gustaba para no repetirlo, y qué hacían bien para replicarlo. Mi posición actual también me ha hecho entender por qué algunos líderes tomaban ciertas decisiones. Las entiendo, y eso me ayuda a aprender de sus errores para no aplicarlos con mi equipo.

¿Qué significa para ti liderar con propósito?

Significa no limitarme a decirle al equipo qué hay que hacer. Significa explicar el porqué de cada cosa. Cuando las personas entienden para qué están haciendo algo, el trabajo cobra un peso diferente. No es hacer por hacer: es entender el impacto de lo que haces.

Cultura Convertia: lo que se siente desde el primer día

¿Recuerdas el momento en Convertia donde sentiste nuestra filosofía de trabajo?

Desde el primer día. Llegué a las oficinas y me sorprendió ver a todos tan enfocados, tan en equipo. Me gustó que, al ser una empresa pequeña, se percibe enseguida cuando alguien no hace su parte, y eso motivaba a que todos cumplieran con lo suyo. Mucha calidad, mucha gente muy inteligente.

Lo que más me impactó fue la apertura a las nuevas ideas. Recuerdo que llegué y casi de inmediato se me ocurrieron estrategias. Se las planteé a mi responsable, y al poco tiempo ya estaban en producción. Esa capacidad de innovar rápido, de ajustarse y aplicar las ideas, me pareció muy alineada con los valores de la empresa.

¿Qué acciones pequeñas hacen grande la cultura en tu área?

Las acciones de todos los días. Todo el equipo tiene siempre una gran disposición para ayudarse entre sí. Nunca he visto a alguien responder “no” cuando le piden ayuda. Al contrario, estamos todos saturados y aun así siempre hay un “¿en qué te ayudo?”. Esas pequeñas acciones diarias son las que generan confianza.

Cuando hay errores, buscamos cómo corregirlos y cómo evitar que vuelvan a pasar, sin buscar culpables. Responsabilidad y apoyo mutuo: eso es lo que hace al equipo funcional.

¿Qué haces tú para que tu equipo se sienta escuchado?

Comunicación, sobre todo. Me gusta ser yo quien les dé las noticias de primera mano, para que no haya incertidumbre. Pero no se trata solo de hablar: también escucho. Les pregunto cómo están como personas, cómo les va, cómo se sienten.

Cuando alguien del equipo propone algo bueno, se lo digo. Y no me quedo callada: lo comparto con todos, lo impulso para que se aplique. Así como en su momento mi responsable hizo eso conmigo, yo trato de hacerlo con ellos.

“No solo se trata de hablar. También escucho. Y cuando hay una buena idea, la impulso.

Tania Camacho trabajando frente a monitores con paneles de análisis de datos

Ser mujer en el mundo de la tecnología y los datos

¿Alguna vez sentiste que tenías que demostrar más por ser mujer?

Más que trabajar más, me topé con injusticias. Sueldos que no se distribuían de forma equitativa, ideas que no tenían el mismo peso por venir de mí, situaciones donde yo hacía el trabajo y otros se llevaban el mérito.

Lo que hice fue quejarme, escalar la situación hasta donde pude. Pero hay organizaciones que no permiten ajustes porque así están estructuradas. Y cuando eso pasa, la única respuesta posible es buscar otro lugar.

¿Cómo transformaste ese reto en una fortaleza?

Aprendiendo a valorarme a mí misma, a mi trabajo y a mi esfuerzo. Hay un dicho que me marcó mucho: “El pez grande en el estanque equivocado sigue siendo invisible”. Cuando ya hiciste todo lo que podías hacer y no hay cambios, lo que queda es buscar otro estanque. Yo encontré el mío, aquí en Convertia.

¿Qué estereotipos sobre las mujeres en tecnología te gustaría romper?

El de que somos demasiado emocionales para tomar decisiones objetivas. Esa sensibilidad no es una debilidad: es un punto de vista diferente que permite ver las cosas desde otro ángulo. La clave está en combinarlo con inteligencia emocional, que por cierto, también le hace falta a muchos hombres.

¿Cómo equilibras firmeza y empatía en la toma de decisiones?

La inteligencia emocional te permite ser empática y, a la vez, exigir cuando hay que hacerlo. Sí presiono cuando tenemos que entregar algo: explico por qué, cuál es la consecuencia, qué está en juego. Y si el equipo da un esfuerzo extra, busco la forma de retribuirlo. El apoyo se siente de ellos hacia mí y de mí hacia ellos.

Motivación, reconocimiento y equilibrio

Cuando tu equipo hace un buen trabajo, ¿cómo los motivas a seguir mejorando?

No me cuesta nada decirles que su idea es excelente. Y no me quedo ahí: busco cómo aplicarla, cómo ajustar el proceso. Las buenas ideas merecen ser reconocidas en voz alta, con el equipo completo. Eso genera un círculo virtuoso: cuando las personas sienten que sus ideas son escuchadas, siguen proponiendo más.

¿Qué consejo le darías a las mujeres para mantener el equilibrio entre trabajo y vida personal?

Todo es importante: el trabajo, la familia, los amigos, el descanso. Cada cosa en su momento. Aplicar el mindfulness en el sentido más práctico: cuando estoy en el trabajo, estoy al 100%; cuando salgo, desconecto de verdad.

“Trabajamos para vivir. No vivimos para trabajar.”

Tania más allá del trabajo

Tania tomando un café en una cafetería con espacio cultural

¿Quién eres cuando no estás frente a una pantalla?

Lo analítica y lo observadora no se me quitan nunca. Pero fuera del trabajo me gusta tomar las cosas con calma. Me gustan mucho los espacios personales para reflexionar: al menos una o dos veces por semana me escapo al parque, observo la naturaleza, descanso la mente. Y en el horario de comida, no me gusta hablar de trabajo.

Lo analítica y lo observadora no se me quitan nunca. Pero fuera del trabajo me gusta tomar las cosas con calma. Fuera de la oficina tengo buen sentido del humor y trato de tomar las cosas con calma y con filosofía. Al final, lo que se puede resolver se va a resolver, y lo que está completamente fuera de nuestras manos… pues no se puede hacer nada. Esa perspectiva me ayuda mucho.

Me gustan mucho los espacios personales: al menos una o dos veces por semana me escapo un ratito al parque, observo la naturaleza, los pajaritos, a veces hasta hay patos. Disfrutar el momento, la vida. Eso me recarga.

Y en el horario de comida, aunque esté con compañeras, no me gusta hablar de trabajo.

¿Qué te hace sentir auténtica?

Ser coherente con lo que digo, pienso y hago. Cuando dices una cosa y acabas haciendo otra, se pierde algo muy importante: la confianza, la propia y la de los demás. Y eso es muy difícil de recuperar.

No siempre es cómodo. Cuando tienes que establecer un límite, poner orden, decir algo que no le va a gustar a alguien… hay que hacerlo igualmente. Y para eso me ayuda muchísimo una frase que escuché y que me quedó muy grabada:

“Pláticas incómodas, vida cómoda.

¿Qué te apasiona que pocas personas saben?

La música. No tengo un género fijo, pero cuando encuentro una canción que me hace sentir algo, eso me emociona. Va en contra de todo a lo que estoy acostumbrada: los datos, los números, la lógica. Y sin embargo me genera y me evoca muchísimas emociones. Creo que por eso me engancha tanto: es un pequeño mundo donde los números no mandan.

Tania sosteniendo el libro El legado de los Jackson frente a una estantería llena de libros de música

¿Qué aprendiste fuera del trabajo que hoy aplicas liderando?

Que no siempre alguien tiene toda la razón. Que negociar no es ceder ni perder: es encontrar un punto que sea mejor para los dos. Lo aprendí con amigos, con pareja, con familia. Y lo aplico con mi equipo: entender que yo no soy perfecta, que ellos tienen perspectivas válidas, y escucharlas.

Gracias, Tania 💚

Historias como la tuya nos recuerdan que el liderazgo no se trata de un cargo, sino de una forma de ver el mundo y de relacionarse con las personas. Que la inteligencia emocional no es debilidad, sino una de las mayores fortalezas. Y que encontrar el estanque correcto cambia todo.

En Convertia creemos en las personas que se atreven a proponer, que lideran con propósito, y que saben que trabajamos para vivir. Hoy, y todos los días.